Hola mamá, felicidades donde
quiera que estés, aunque yo sé que estás conmigo. Hoy es tu día, y lo celebro
recordándote un poquito más fuerte de lo que en tantas millones de ocasiones te
recuerdo.
La de la parca nos separó cuando tenía sólo 17, pero siempre te he sentido conmigo. No tengo más que mirarme al
espejo y te veo allí reflejada, tu cara igual que la mía aunque la tuya fuera
un poquito más redondita. Cuando me oigo reír, escucho también tu risa. Cuando
dejo un vaso cerca del filo de la mesa, te oigo decirme que lo coloque más
adentro, que se puede caer. Cuando preparo algún viaje te escucho decirme “llévate
esto y aquello, que más vale un por si acaso que un quién iba a pensar”. Cuando
me pongo algo de color verde recuerdo que solías vestirme así, de tu color
favorito. Cuando me siento sola, cosa que nos pasa a todo el mundo de vez en cuando, recuerdo el
olor de tus abrazos, la suavidad de tus caricias, y me río de mi incapacidad de
salir o llegar a casa sin darte lo último y lo primero UN BESO.
