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Desde el otro lado

Mi niño precioso... parece que estuvieras hablándome desde el otro lado, diciéndome lo que debo hacer con todo el dolor que me causa tu au...

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lunes, 9 de julio de 2018

Momento slash en La Soga de A. Hitchcock

“Rope”, en México, “La soga” en España; en Argentina, “Festín diabólico”. Primera película en color dirigida por Alfred Hitchcock, 1948. Adaptación de la obra de teatro “Rope”, escrita por Patrick Hamilton en 1929. Tiene grandes similitudes con la muerte real de Bobby Franks a manos de Nathan Freudenthal Leopold, Jr. y de Richard A. Loeb en 1924.

Aunque el argumento no tiene como centro la temática homosexual, se trata de un film donde la insinuación de ella lo impregna todo. Una pareja de jóvenes que viven juntos en un lujoso ático de Nueva York, Brandon (John Dall) y Philip (Farley Granger) cometen el crimen perfecto. Comparten la teoría de que existen seres superiores en inteligencia que estarían en pleno derecho para asesinar a individuos inferiores, de clara inspiración en “el super hombre” de Nietzsche. En este contexto se desenvuelve la relación homosexual entre los dos protagonistas. Gestos, conversaciones y evidencias imposibles de pasar por alto.

Para ejemplo un botón. En los primeros minutos de la película la joven pareja lleva a cabo su crimen, más parece que acaben de compartir un orgasmo. Los jadeos, los suspiros, ese implícito “no enciendas la luz, quedémonos así un poco más,” y el cigarrillo final que se enciende uno de los protagonistas... ¡Ah! ¡Qué delicioso momento slash!



lunes, 27 de noviembre de 2017

Desde el otro lado

Mi niño precioso... parece que estuvieras hablándome desde el otro lado, diciéndome lo que debo hacer con todo el dolor que me causa tu ausencia. No había visto esta película, "5 to 7", hasta hoy. Desde tu muerte me cuesta un mundo verte en la pantalla. Todavía me quedan cuatro o cinco películas tuyas por ver y quiero que no se termine nunca, detesto los finales. Una vez haya visto todo tu trabajo no me restará nada nuevo por descubrir... o tal vez sí. Quisiera darte las gracias una vez más por todos los bellos sentimientos y las deliciosas emociones que me has hecho sentir. Un amor perfecto, sí. Porque nunca fue real. Porque estará ahí, inmutable y secreto dentro de mi corazón, por siempre jamás.

lunes, 19 de junio de 2017

UN AÑO SIN ANTON

Ha pasado un año ya y a pesar de que sigues a mi lado a cada paso... Yebat! ¡Cómo te echo de menos! Sigue el pesado vacío en el pecho, el intransitable nudo en la garganta, el suspiro involuntario que me fuerza a tomar aliento con la dolorosa consciencia de que aún puedo respirar y tú ya no... Sigue la lágrima al borde del párpado y el llanto callado cuando nadie mira, sigue la memoria viva y dolorosa de tu horrible pérdida. Y sigue la voz interior, ronca y quebradiza, que en susurros me anima a seguir caminando: "Un paso más, aún tienes mucho que decir... ¡dílo por mí!" Y tu contagiosa risa se hace audible y una de tus deliciosas muecas se acaba asomando a mi imaginación. A veces sombra oscura a veces luz que guía, tu eterno recuerdo permanecerá conmigo por siempre. Mi amado, Anton.


domingo, 2 de abril de 2017

Cabecita sin cerebro




CABECITA SIN CEREBRO
Jacques Prévert
 
Es una bici robada y sacudida por el viento,
un niño va encima dándole a los pedales y llorando,
un hombre valiente le persigue gritando detrás de él.

Y el guarda barreras agita su pañuelo,
el niño pasa justo cuando
el tren pasa sobre él
y el hombre valiente llega recuperando el aliento,
contemplando su chatarra,
no creyendo lo que ven sus ojos.

Las dos ruedas están retorcidas,
el manillar del revés,
el cuadro hecho añicos,
el farol en pedazos
y el dinamo hecho migas.

¿Y mi medalla de San Cristóbal,
a dónde ha ido?

Verdaderamente no hay más niños,
no se sabe a qué santo encomendarse,
no se sabe qué decir,
no se sabe qué pensar,
no se sabe cómo va a terminar todo,
no se sabe dónde estamos verdaderamente.

¡Qué montón de nada! - Dice el guardia barreras llorando.


jueves, 23 de marzo de 2017

La zorra y la máscara


Sí, soy repelente... Estudié griego, latín y a veces me da por pensar y todo, fíjate.

Estaba viendo Merlí, la segunda temporada de una serie de TV3 que espero pronto se emita en castellano para la tele nacional. ¡A ver si se anima la Sexta de una vez! ¡Oh, y en muchas otras lenguas y países fuera de esta España nuestra! He leído por ahí que la ha comprado la Netflix, sea lo que sea eso... (en fin, buena suerte, Merlí) En el capítulo séis, dedicado a Montaigne – el filósofo que se preguntó qué sabía él -, durante la clase de latín los chicos leen de la pizárra esta fábula de Esopo... ¿o era de Fedro? Bueno, aquí va mi traducción - no encontraba ni una decente en google -, espero que os guste y os haga reflexionar que para eso son las fábulas.

No sé, igual leí demasiadas cuando era niña...














viernes, 17 de febrero de 2017

El hada sensata

 









Hace tiempo que corre el rumor de que Banksy, el artista grafitero anónimo que agita mentes y descubre realidades, no es otro que Robert Del Naja, componente del famoso grupo de Bristol, Massive Atack. Durante una actuación en directo de Aurora Aksnes en un programa de radio, donde versiona la canción Teardrop de dicho grupo, el presentador le pregunta sobre el tema y ésta es su respuesta. Adoro a esta chica, ruego a los dioses que la miren con buenos ojos.

sábado, 4 de febrero de 2017

¿por qué estás tan serio?

Graffitis de Banksy, música de Frankie... y una deprimente visión de la realidad. Así es la vida.

jueves, 26 de enero de 2017

GRACIAS, PAVEL / LESEK, PAVEL

INSTRUCCIONES: pinchar en los enlaces mientras suena la canción...
...salvo en "probando, probando" - dejad ése para el final.

Gracias Jamaica
Por habernos dado siempre tanto reggae
Gracias al médico
Por curarme esta gripe tan diaria
Gracias Canarias
Porque allí valen las cosas más baratas
Gracias a Rusia
Por haber traído rica ensaladilla
Gracias al cielo
Porque en él pueden volar los aviones
Gracias por su compra
Al salir de los grandes almacenes
Gracias a las averías
Porque si no mecánicos no habrían
Gracias a Juan Valdez
Que nos trae su riquísimo café

Gracias al pollo
Gracias a la gallina
Gracias al huevo
Gracias a la tortilla

Aunque esté feo decirlo pero gracias
Gracias personas
Y todo el que esté borracho, a dormir la mona
Gracias a las mujeres
Porque así podemos ser nosotros hombres
Gracias al perro
Que le ladra a los ladrones cuando entran
Gracias bisagras
Porque así puedes cerrar cuando abras
Gracias Bulgaria
Aunque yo no sé por qué pero gracias
Gracias preetending
Wanshieverwandiabuwanshumisch
Gracias María
Por tener la ropa limpia todos los días

Gracias al pollo
Gracias a la gallina
Gracias al huevo
Gracias a la tortilla

Gracias al tiempo
Pero que llueva, que llueva, que la Virgen está en la cueva
Gracias, pago yo
¡Que no que pago yo! ¡Que no que pago yo!
Gracias micrófonos
Por prestarnos su atención

Gracias al pollo
Gracias a la gallina
Gracias al huevo
Gracias a la tortilla

jueves, 19 de enero de 2017

Sher/John: canon.


Un canon, en términos de slash fanfiction, - esas historias con parejas homosexuales que surgen de nuestra oscura y perversa imaginación - es una relación considerada como real, algo indiscutible dentro del contexto. Sher/John lo es. ¿O todavía tienes alguna duda, después de haber visto la cuarta temporada? Yo no. «It is what it is.» Para mí, Moffat es el primer "shippeador". Adoro a ese tipo.

domingo, 15 de enero de 2017

PENSAMIENTOS

Pensamientos, ideas, reflexiones acerca de la vida y la muerte. ¿Hay algo mejor para pasar la tarde del domingo?



¡Ah, cualquier cosa en tu voz suena divino, Cumberbatch! Aunque sea mentira. ¿Podrías leer para mí los componentes del champú... en la ducha?






domingo, 18 de diciembre de 2016

Seis meses sin Anton

Triste aniversario 😭😭😭
 Han pasado ya seis meses y sigo echándote de menos cada día, las lágrimas aún aparecen de vez en cuando y el agujero en el pecho no se llena con nada. Te echo de menos, mi niño precioso, mi amado Anton Yelchin.

La canción es "Brucia la terra" de El Padrino, en mi propia versión casera.

All that silly stuff/Todas esas tontadas

No acostumbro a ver la televisión porque cuando la enciendo ponen cosas como esta.

jueves, 15 de diciembre de 2016

Heartbeats / Latidos

 
Ojito a la campaña POWER FOR YOUTH de ING Direct y UNICEF.

«Con 40€ podemos proporcionar a 12 adolescentes de Indonesia los conocimientos necesarios para que sean capaces de salvar su vida en caso de desastre natural. Con 14€ podemos formar a 10 jóvenes en Filipinas para que aconsejen en temas de salud a otros adolescentes para prevenir el contagio del SIDA.»

¿14€ para que 10 adolescentes filipinos aprendan a ponerse un condón que cuesta menos de 1€ y que apenas si podrán comprar? ¿40€ para que 12 adolescentes indonesios aprendan a nadar en un tsunami de mierda y acaben muertos de disentería o tifus? No me convence... Lo de los latidos que hacen bailar a los dibujitos, tampoco. Todo esto no lleva a otra cosa más que a alimentar la inminente llegada de la Inteligencia Artificial.

Adelante, colaborad en la creación de robots inteligentes que acabarán con la especie humana, mientras os distraéis con dibujos animados de vivos colores y seguís pensando que estáis ayudando a un puñado de adolescentes del tercer mundo. Vuestro fin se acerca, incautos, y os pillará por sorpresa jugando con el teléfono móvil.


miércoles, 14 de diciembre de 2016

Liz y Tristan: una extraña historia de amor.

Si algo me gusta de verdad es un trabajo bien hecho, y American Horror Story lo es. Todas sus malditas temporadas son terriblemente adorables. Como adorable y terrible es esta extraña historia de amor entre dos personajes tan dispares, Liz y Tristan. El modelo, un juguete roto, es guapo a rabiar. Liz me enamoró desde el minuto dos, cuando conseguí reponerme al impacto que deja su mero aspecto. Ella es irrepetible, plena y cautivadora. Os traigo un fragmento de la quinta temporada, os animo a ver la serie al completo. Sirvan estos minutos como homenaje a sus creadores, Ryan Murphy y Brad Falchuk. Me rindo a los pies de su imaginación, caballeros, a su arte y a su maravilloso estilo.


jueves, 8 de diciembre de 2016

Simon Pegg y Zoe Saldaña hablan sobre Anton Yelchin

Encontré esta entrevista de Whoopi Goldberg y me pareció entrañable el modo en que Zoe define a Anton como IRREEMPLAZABLE.
Tal vez Simon tenga razón y aquellos que no le conocimos seamos de alguna manera afortunados. Tal vez se equivoque.
 
Yo no me siento afortunada, más bien doblemente desgraciada por no haberle tenido nunca cerca, por no haber podido decirle tantas cosas... por no haber compartido con él ni un miserable instante que poder recordar ahora que se ha ido; desafortunada por no tener ya la oportunidad de soñar siquiera con llegar a encontrarle. Y no sé si alguna vez le conocí, quizás únicamente en mi imaginación, sólo sé que el dolor que siento desde que no está es real, y eso, Simon, no me hace afortunada.
 

sábado, 3 de diciembre de 2016

Anton el fotógrafo

Tal vez no lo sepáis, Anton también era fotógrafo. Si estáis en Los Ángeles podéis ir a ver una exposición con las brillantes y hermosas fotografías de Anton en Oher, 1050 Cahuenga Blvd, 90038, hasta el 31 de diciembre.
 «I always have this gnawing desire to create something I agree with emotionally plus the sensation that I know nothing and must learn more.» - Anton Yelchin.
Siempre he tenido ese persistente deseo de crear algo con lo que esté emocionalmente de acuerdo y la sensación de que no sé nada y debo aprender más.

More Anton's kisses

Más besos de Anton... nunca serán suficientes.
Esa boquita de fresa, tan dulce y jugosa como una fruta madura, tan viva, tan ausente.
No, todos tus besos nunca serán suficientes. 


 
A Frankie ya le conocemos, aunque ande algo alicaído el pobre.

domingo, 27 de noviembre de 2016

INDEPENDIENTEMENTE DE LOS SIGLOS_Capítulo 5: “Aferrarse a la vida”


Nikolai no deja de aprender lecciones interesantes durante sus viajes junto al señor nadie, sin embargo es bien poco lo que sabe de la vida de su compañero. ¿A qué mundo pertenece Nikto? ¿De qué especie es? ¿Por qué siempre ha acosado a su familia? Tal vez esté huyendo de algo, como Nikolai, que huyó de su propia vida.



INDEPENDIENTEMENTE DE LOS SIGLOS
Capítulo 5: Aferrarse a la vida



                                                                          Llevaba todo el día corriendo de acá para allá, al lado del señor nadie se hace mucho ejercicio. Nikolai estaba agotado, así que cuando entró al salón de aquella casa vacía dejó caer la mochila al suelo y se tumbó un momento en el sofá. Todo estaba abandonado y cubierto de polvo, los platos sobre la mesa con restos de comida echándose a perder... como si los que vivían allí hubiesen tenido que salir a toda prisa. Entonces se le ocurrió que aquel polvo eran los propios habitantes de la casa: sus moradores. ¡Y los estaba respirando! El muchacho se estremeció.

 - Vale, échate un rato, recupera fuerzas. - Nikto seguía caminando nervioso a su alrededor, curioseando los libros ajenos en la estantería. - A veces olvido que eres un simple humano. ¡Oh, mira! ¡Alicia en el país de las maravillas! - Exclamó con una gran sonrisa tomando un ajado ejemplar entre las manos. - Una pena, esta gente tenía buen gusto. - Se lamentó.

 - ¡Oye tú! - Aquel comentario sobre su humanidad terminó de sacarle de quicio. - ¿Por qué no tienes a alguien de tu especie, sea la que sea, como compañero? - Le espetó a la cara con desdén levantando la cabeza del polvoriento cojín. - No sé, alguien que pudiera seguir tu ritmo, para variar. Alguien que te ayudase a resolver todos estos locos problemas que acostumbran a cruzarse en tu camino. ¿Te das cuenta de que siempre acabamos metidos en algún lío?

 - No siempre, la mayor parte del tiempo es divertido. - Contestó dejando Alicia en el estante y chasqueando la lengua al tiempo que le guiñaba un ojo.

 - A mí no me parece divertido que una máquina extraterrestre ande por ahí convirtiendo en polvo a la gente. - Nikolai volvió a tumbarse sin apartar la mirada del señor nadie.

 - Extraterrestre... ¿por qué todo lo malo tiene que ser alienígena? - Preguntó al aire mientras se sacaba un extraño aparato del bolsillo de la chaqueta.

 - ¿Qué es ese trasto? - La curiosidad pudo con él y Nikolai se incorporó para examinar el objeto más de cerca. - No te lo había visto nunca.

         El artefacto tenía montones de lucecitas, palancas y botones que Nikto pulsaba sin cesar. Entretanto emitía un molesto zumbido que variaba en tono e intensidad, volviéndose insoportable en un momento dado.

 - ¡Eh, ya está bien! - Protestó el muchacho llevándose las manos a los doloridos oídos.

 - Disculpa. - Dijo Nikto apagando el aparato. - Es lo que me temía. Esa máquina viene persiguiéndome desde hace siglos, no se detendrá hasta dar conmigo y matarme... otra vez.

 - ¿Pero qué es? La máquina... ¿de dónde viene? ¿Es de tu mundo? ¿Y cómo que matarte otra vez? ¿Cuántas veces se puede estar muerto? - Nikolai, que sentía arder la cabeza con tantas preguntas, se puso en pie y volvió a coger su mochila. - ¡Ah, ni contestes! Vamos, tenemos que dar con la máquina y acabar con todo esto.

 - Gracias. - Susurró Nikto cuando el muchacho pasó por su lado camino de la puerta. - No tenemos tiempo que perder, pronto amanecerá.

       Nikolai ya empezaba a asumir que el señor nadie contaría lo que quisiera y cuando quisiera sobre sí mismo; su existencia en sí era un misterio. Lo urgente ahora era detener a esa maldita máquina que, de algún modo, se había colado en el planeta Tierra y parecía ir a acabar con toda la especie humana.

 - Esto no tendría que ser así... - Nikto caminaba a toda prisa por la calle desierta de la zona residencial, no había nadie en kilómetros a la redonda. - ¡Lo que está pasando no es parte de la Historia! Eso es una buena noticia, Kolya... ¿y sabes por qué?

 - Bueno, el año dos mil veinticuatro es mi futuro... - Dijo dudando de las palabras del señor nadie. - ¡Uno que yo no viviré al estar muerto!

 - Siempre quejándote por tonterías. - Farfulló Nikto poniendo los ojos en blanco. - Yo conozco la Historia, créeme, y ningún Destructor acabó con la vida en la Tierra en el siglo veintiuno.

 - Lo que quieres decir entonces es que... - Nikolai intentaba comprender, se detuvo a su lado en plena carretera y escudriñó los ojos azul hielo del otro en busca de respuestas.

 - ¡Podemos cambiarlo! - Exclamó el señor nadie agarrando al chico por los brazos y sacudiéndolo con fuerza. - ¡Y lo haremos! ¡Sólo tengo que dar con el Destructor antes de que él me encuentre a mí y dispararle con esto! - Añadió eufórico volviendo a sacar el extraño artefacto de su bolsillo.

 - ¿Es un arma? - Nikolai lo miró incrédulo. - Pero si a ti no te gustan las armas...

 - Contra un Destructor no hay otra alternativa. - Remató con su voz más grave y profunda, parecía hablar en serio.



                                                           Cuando amaneció el día nada hacía presagiar aquella desgracia. Sólo había arrumacos entre las sábanas, pies grandes acariciando finos empeines, manos fuertes rozando la aterciopelada piel de la espalda y labios jugosos que devolvían cada beso como si fuese el último y el primero al mismo tiempo. No fue hasta pasado el almuerzo que empezaron a escucharse los gritos. Al atardecer ya estaban corriendo, huyendo de aquella especie de robot monstruoso que escupía rayos convirtiendo en polvo todo lo que alcanzaba, tratando simplemente de sobrevivir.

         Al romper de nuevo el alba continuaban corriendo, aunque ya no huían: perseguían al Destructor, y cuando Nikolai lo tuvo enfrente pudo comprobar que no era tan monstruoso como él creía. Dentro de su caparazón de máquina aquel robot estaba vivo. Algo latía y respiraba en su interior, algo que pensaba por sí mismo. Algo que, tal vez, podía llegar a sentir...

 - ¡Aparta, Kolya! - La voz de Nikto le atronó rebotando en las paredes del túnel. El tren subterráneo había pasado muy cerca y el Destructor tenía uno de sus disparadores dañado. - ¡Échate a un lado!

 - ¡No, no dejaré que lo mates! - Fue su respuesta, interponiéndose entre el señor nadie y la máquina moribunda. - Has dicho que sólo quedaba éste... ¡en todo el Universo!

 - Sí, es el último y tengo que acabar con él. - Insistió haciendo un gesto con el artefacto en la mano, ordenando a Nikolai que se quitase de en medio. - ¡Aparta!

 - No, míralo, ya no puede disparar... ¡Está indefenso! - Los enormes ojos aguamarina de Kolya eran todo compasión. - Podría haberme matado con su último rayo pero ha abierto un agujero en el techo en su lugar. ¿No ves que lo único que quiere es escapar de ti?

         El chico se giró señalando a la máquina humeante, echaba chispas por todas partes y su casco parecía estar resquebrajándose. No había nadie en el metro, los pocos supervivientes habían huido como cucarachas escaleras arriba hacía un buen rato. Todo estaba en silencio. Y entonces, como en un sueño, una voz sonó dentro de sus cabezas. Era metálica y áspera, filtrándose en sus pensamientos resonaba hueca la voz del enemigo. 

 - Ya no tiene sentido, todo ha terminado. - Decía la agonizante criatura. - Somos los últimos... tú y yo. Por favor, no me mates. - Suplicó a su letal enemigo. 

 - Pero tengo que hacerlo... ¡Eres un Destructor, todo lo que sabes hacer es destruir! - Gritó Nikto sacudiendo la cabeza. - Acabarías con la humanidad si te dejase... ¿a cuántos has matado ya? ¿Cien? ¿Quinientos? ¿Diez mil? ¿Por qué iba a dejarlo ir, Kolya?

 - ¡Míralo! - El chico seguía apuntando al robot con su dedo. La parte superior se había abierto y un ser amorfo, bastante repulsivo, asomaba entre el metal de la carcasa. - Mira lo que está haciendo...

       Un haz de luz se filtraba por el agujero del techo entre el hormigón. La criatura abrió su caparazón metálico y dejó caer sus barreras, tímidamente buscaba sentir el sol sobre su piel, quizá por vez primera, quizás una última vez. 

 - ¿Lo ves? Busca el calor, quiere vivir... - Nikolai observaba alternativamente a los dos alienígenas en el túnel, preguntándose cuál de ellos era el verdadero monstruo.

 - ¡No! - Gritó el señor nadie furioso. - ¡Créeme Kolya, esa cosa no es capaz de sentir!

 - Tal vez haya cambiado. - Nikolai vio cómo el repulsivo ser parecía adoptar una expresión placentera ante el tibio contacto de la luz solar. - Tú también has cambiado, Nikto... ¿pero en qué te estás convirtiendo?

 - ¡Es un asesino! - Volvió a gritarle al chico con el ceño fruncido sobre la fría mirada azul hielo.

 - ¡No es él quien me apunta con un arma! - Respondió Nikolai con rapidez.

         Y era cierto. Nikto seguía encañonándoles, esperando que Kolya se moviera para poder disparar a su enemigo, arrepintiéndose de haberlo traído consigo a la última batalla: ahora el chico lo había cambiado todo con su maldita humanidad. El señor nadie se mordió el labio con todas sus fuerzas por haber tenido tan malos pensamientos. 

 - Puedo sentir... - La voz del ser se dejaba oír de nuevo en sus cabezas. - Ahora tengo sentimientos, gracias a ti. Hay tanta oscuridad en mí... Muchacho, tú me has salvado de mi enemigo. Haré lo que me pidas, ordéname morir. 

 - No... no puedo hacer eso. - Nikolai titubeó. - ¿Después de todo lo que ha pasado quieres morir? 

 - Tú me cambiaste, ya no sé qué soy. Esto no es vida... ¡es una enfermedad! No quiero ser como tú, no quiero ser humano. - La máquina era consciente de su nueva identidad, ahora que Nikolai había tocado su alma ya no podría seguir siendo un Destructor. No era nada. - Ordena mi destrucción, chico, obedece.

          Sabía que el señor nadie estaba mirando, con su aparatito de luces de colores en la mano, amenazante. Kolya sabía que le dejaría hacer; solamente si no ordenaba la destrucción a la máquina, Nikto dispararía.

 - ¿Y eso es todo? - Se lamentó sacudiendo los rizos castaños al negar con la cabeza. - El fin de una especie...

          Comprender que nada tiene sentido sin un final es algo que a Nikolai, como ser humano, le costaba admitir. El maldito instinto de supervivencia, aferrarse a la vida pese a quien pese, a toda costa. Hay algo peor que estar muerto: vivir cuando no se desea hacerlo.

 - De acuerdo entonces. Hazlo. Muere. - Le susurró al fin a la máquina. Ríos de lágrimas se deslizaban por sus mejillas. 

 - ¿Estás asustado? - Quiso saber el moribundo. 

 - Sí. - Respondió con honestidad. 

 - Yo también. - Le confesó el alienígena. - ¡Autodestrucción!

           El Destructor, medio ser vivo, medio máquina, flotó un par de metros por encima del suelo antes de desaparecer en una minúscula implosión, como absorbido por un agujero negro que él mismo hubiese generado. Todo acabó en menos de un segundo. No quedó nada.


Continuará

sábado, 19 de noviembre de 2016

EL ÁNGEL DE INCÓGNITO

Hace 5 meses ya que te has ido. El mundo sigue girando sobre sí mismo a unos 1.600 kilómetros por hora, orbitando el sol a, aproximadamente, 107.000 kilómetros por hora, y desplazándose alrededor del centro de la galaxia a unos 792.000 kilómetros por hora. Todos esos números de vértigo implican tan sólo un simple hecho: el paso del tiempo. Indefectible, inevitable, sin cesar y a toda velocidad. No hay vuelta atrás. Sin embargo yo no me he movido del sitio. Sigo anclada a ese momento en el que exhalaste tu último aliento. Siempre es ese instante. Constantemente ese segundo. Lo terrible no es el día que pierdes a alguien, al menos tienes algo que hacer. Lo peor son todos los demás días que siguen muertos.
Te echo de menos, Anton. Mi niño precioso.